Hola! Soy una Luchadora

En Trujillo, ciudad de la eterna primavera, un 20 de abril, llegué a este mundo con un propósito: Darle un giro de 360° a la vida de mis padres. Desde que nací, la vida en mi familia fue un gran reto porque la condición económica de mis padres no era tan buena, pero ellos hicieron todo lo que estuvo a su alcance para darme una buena calidad y más aún cuando se les informó que tenía Acondroplasia. Mi madre, como es profesora, compartía la rutina de las terapias con mi padre, cuando el tenía días libres del trabajo. En el primer año de mi vida tuve que pasar por varias  visitas al hospital ya sea por radiografías, tomografías, terapias, y un sin número de exámenes.

Mi familia se encargó de brindarme la seguridad que necesitaba para saber que unos centímetros menos no me definían como persona, por eso, tuve una niñez hermosa; disfrutaba cada tiempo con mis hermanas, amaba salir a jugar con mis amigos del barrio, actuación que había en el colegio, estaba presente, recibí el estímulo de mis maestros y mis compañeros que no me hicieron sentir diferente a ellos.

En mi adolescencia es cuando caí en cuenta de mi condición, donde empezaron a afectarme  los señalamientos, los insultos o las miradas de la gente. Ahora, puedo decir que era la parte complicada de la edad, donde todos queremos encajar en algún grupo o ser aceptados por los demás, cuando es ahí en la diferencia, en nuestras cualidades lo que nos hace únicos y valiosos.

Me diagnosticaron apnea del sueño cuando cursaba el último año de secundaria, enfermedad que dificultó mi proceso escolar en ese tiempo y mi ritmo de vida. Donde tuve que hacer un alto, para tomar impulso y salir a flote. Gracias a Dios, quien puso los medios necesarios en  el tiempo correcto, pude mejorar y superar dicha enfermedad. Siento que desde ahí, escribí un nuevo capítulo en mi vida. 

Un año después de este episodio, entré a la universidad a estudiar la Carrera de Contabilidad. Etapa de mi vida que fue la que más enseñanzas me dio, de las cuales fueron que si quieres lograr algo, no debes rendirte, persevera en cada meta que tengas. Recuerdo algunos episodios donde algunas personas me decían: “no me imaginé que ibas a lograr esto, no te creí capaz de hacer todo lo que has hecho, no lo vas a lograr” y sientes una gran satisfacción cuando, sin decir ni una palabra, tus hechos hablen por si solos. Gané muchas cosas en mi época universitaria: conocimientos, grandes enseñanzas y consejos, pero sobre todo una nueva familia.

Al salir de la universidad, es donde te chocas con la realidad, con esta problemática existente en el mundo laboral, que al postular a un trabajo en algunos casos, no te califican por tus conocimientos, por lo que eres capaz de aportar a un equipo de trabajo, sino por la primera impresión al ver a una persona de talla baja o con discapacidad dando por hecho que no podemos cumplir con las expectativas y actividades del puesto de trabajo ofrecido.

Cuando recibí la propuesta de pertenecer a Inclulab, conocí el proyecto y todo lo que se quiere lograr en favor de las personas con discapacidad, no dudé en ser parte; pues conozco de cerca lo que cuesta acceder a un puesto de trabajo siendo una persona con discapacidad, por todos los procesos que se pasan y las ganas que tenemos de superarnos. Por eso, soy parte de la lucha para fortalecer una cultura de Inclusión en nuestra sociedad, donde se muestre y valore las capacidades, habilidades y aptitudes de cada persona desde Inclulab y en mi vida diaria.

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